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Pequeños empujoncitos para una convivencia más segura en el aula

“No compartas el bocadillo, «no toques la barandilla”, “lávate las manos cuando vayas al servicio”, “que nadie toque tus pinturas”, “no toques, no toques”… Son los nuevos mandamientos de la vuelta a las aulas este curso.

Tras más de medio año de convivencia con la COVID-19, numerosas campañas de concienciación por parte del Gobierno, reducción de aforos en locales, abastecimiento (y desabastecimiento) general de mascarillas y gel hidroalcohólico… ¿ahora qué?

Parte del estancamiento en “dar a conocer” el virus por parte de las autoridades es la falta de reflexión sobre dos conceptos cuyos significados se diluyen con facilidad: la conciencia y la consciencia. Pues bien, vamos a ver en qué consisten.

La conciencia se refiere al “conocimiento del bien y del mal que permite enjuiciar moralmente la realidad y los actos”. A estas alturas, todos sabemos que no llevar mascarilla está mal y que mantener la distancia interpersonal está bien, por ejemplo.

Vayamos, entonces, un paso más allá. Hablemos de la consciencia. Este concepto se refiere a “la capacidad de reconocer la realidad circundante y de relacionarse con ella”. Escapa de la moral entre el bien y el mal, tiene más que ver con nuestra relación con el entorno.

De este modo, aún teniendo conciencia (sabiendo cómo comportarnos), puede que actuemos inconscientemente.

La vuelta a las aulas ha supuesto para familias y educadores un quebradero de cabeza para que los más pequeños asuman nuevos hábitos que, en gran parte, van en contra de su propia condición. Experimentos sencillos como el de la pimienta que “huye” del jabón o la rebanada de pan mohosa que representa unas manos sucias pueden ser un primer paso para la concienciación, pero posiblemente no sean determinantes.

Experimento de la pimienta que huye del jabón, por Ciencia Fácil.

En este sentido, las ciencias conductuales pueden darnos algunos trucos para que los niños sobrelleven mejor estos nuevos hábitos. En 2008 los autores Thaler y Sunstein asentaron la Teoría Nudge, (el primero ganaría años más tarde el Nobel de Economía). Esta propone dar “pequeños empujoncitos” para inducir acciones o decisiones beneficiosas para uno mismo y la sociedad. Se trataría de intentar dar respuesta a nuestro comportamiento inconsciente para hacer que remitan las malas decisiones que podemos tomar en nuestro día día por costumbre o por falta de tiempo.

Algunos ejemplos de nudges o empujoncitos

Veamos algunos ejemplos de cómo esta teoría puede alentar a cumplir medidas de higiene en los colegios:

1. El lavado de manos

Uno de los motivos por los que el lavado de manos puede ser ineficaz es porque no vemos la suciedad que hay en ellas (no me refiero, por ejemplo, a las migas de las galletas). La “conscienciación” de que el virus llega a cualquier parte puede partir de una pegatina en los lugares con más contacto, como los pomos de las puertas. Si los niños son conscientes de que han tocado una superficie sucia, será más probable que se laven las manos.

Pegatinas alrededor del picaporte que recuerdan que hay que lavarse las manos tras tocarlo. Shutterstock / Jatuporn Chainiramitkul / Marta Cerezo

2. El dispensador de gel

Otro nudge que puede llevarse a cabo es el uso de pisadas que dirigen al lavabo o dispensador de gel. Las señalizaciones en el suelo han sido empleadas en colegios para diferentes usos, como el fomento de actividad física o la señalización de lugares importantes como las papeleras.

 
Dispensador de gel. Shutterstock / KPG_Payless / Marta Cerezo

3. En los baños

Otro conocido ejemplo de nudges adhesivos es el de la mosca en los urinarios masculinos para “afinar la puntería” (e, indirectamente, ahorrar costes de limpieza).

 
Pegatina de mosca en los urinarios masculinos para mejorar la puntería. Shutterstock / chettarin / Marta Cerezo

4. Sentarse en el aula

Estos adhesivos también pueden ayudar a los más pequeños a recordar el sitio donde se sientan en el aula. Por ejemplo, coloreando una silueta de sus propias manos para que así identifiquen su dibujo en el lugar donde deben sentarse.

 
Pegatinas personalizadas para que los niños reconozcan su sitio. Shutterstock / ChiccoDodiFC / Marta Cerezo

5. Medir el tiempo

Por otro lado, la duración del lavado debe ser también la adecuada (según la OMS, de 20 segundos). Existen algunos ejemplos de recursos que orientan este tiempo, como el que consiste en cantar dos veces el Cumpleaños Feliz.

Plantear un entretenimiento que sirva de cronómetro para animar a los niños a frotarse bien las manos puede ser de gran utilidad. Por ejemplo, un reloj de arena en el que, según pasa el tiempo, deje ver un dibujo o un muñeco que se “desentierre”. Por supuesto, la opción de cantar no la descartamos.

 
Empleo de reloj de arena para calcular el tiempo durante el lavado de manos. Shutterstock / Yuganov Konstantin / Marta Cerezo

La improvisación, en el contexto de los colegios, está siendo inevitable. La falta de recursos, de conocimiento sobre el virus y la sobrecarga para docentes y familias dificulta la adopción de pautas entre los más pequeños.

Estos pequeños empujoncitos pueden ser grandes aliados para que la convivencia entre los niños y el virus sea, al menos, diferente. Estas herramientas, por su propia naturaleza simple y no muy costosa, pueden ser adaptadas en otros contextos para fomentar la alimentación saludable, el deporte o las normas de circulación. En definitiva, para el bienestar común.

 

 

Autor:

Investigadora. Comunicación Audiovisual, Universidad de Salamanca

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Madrid compra 60.000 mamparas para los colegios

9.000 nuevas plazas escolares quiere crear la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, este curso en Madrid. Para ello se ampliarán 21 proyectos escolares y se levantarán nueve colegios más con un presupuesto de 105 millones de euros, tal y como ha anunciado la presidenta en su visita al colegio El Bercial de Getafe. Se trata de una de las medidas que ha impulsado el Gobierno regional de cara a garantizar la máxima seguridad de cara a la ‘vuelta al cole’.

 

Además, la Comunidad de Madrid ha adquirido 60.000 mamparas y va a comprar 250 aulas prefabricadas, instalaciones que, pese a estar «muy estigmatizadas», son ahora «muy oportunas» como «solución temporal» para bajar las ratios de alumno por aula en los centros que disponen de menos espacio.

 

«La Comunidad de Madrid está concienciada con la construcción de nuevos centros y espacios para la educación pública y lograr mejores infraestructuras y poder así bajar las ratios», ha remarcado la presidenta regional.

 

En total, se ejecutarán 30 obras, de las que nueve corresponden a la construcción de nuevos centros y 21 a ampliaciones. De esas actuaciones, nueve se van a ejecutar en Madrid capital y las restantes 21 en diversas localidades de la región. Asimismo, dentro de este Plan, se construirán cuatro centros en una única fase y se culminará la construcción de otros diez.

 

Sobre la compra de 250 aulas prefabricadas, Ayuso ha asegurado que se trata de una «solución temporal» para aquellos centros que necesiten más espacios para los alumnos. A esto se suma una colaboración estrecha con los ayuntamientos regionales «que está siendo ejemplar», según ha enfatizado la presidenta, y a los que el Gobierno regional entregará entre 5 y 6 millones de euros para reforzar la limpieza de los colegios públicos.

 

Sobre el inicio del curso escolar 2020/21, la presidenta ha recalcado que el objetivo es «una vuelta al colegio segura», por lo que ha dicho a las familias madrileñas que «sus hijos van a estar en las mejores manos».

 

Además, ha señalado que los alumnos «tienen que estar en grupos de convivencia», «grupos burbuja» para que los «niños estén en las mejores condiciones y con los mismos niños, para que haya «una vuelta segura» mientras la Comunidad seguirá haciendo su trabajo.

 

«Con todas las medidas conseguiremos que los padres estén tranquilos», ha recalcado Ayuso.

 

La presidenta ha hecho estos anuncios hoy en su visita al colegio público y bilingüe El Bercial, donde el Ejecutivo regional ha destinado casi tres millones de euros para concluir recientemente su construcción, unas labores que han supuesto la creación de 17 nuevas aulas (14 de Educación Primaria y tres de Infantil) y que se ha traducido en 425 nuevas plazas educativas. Además, el centro educativo podrá contar este curso escolar con una pista deportiva, un gimnasio y aparcamiento.

 

 

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Fuente: El Mundo

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¿Cómo abordar la ‘nueva enseñanza’ si la mitad de los estudiantes no tiene internet ni ordenador?

El 91 % del total de estudiantes del mundo se ha visto afectado por el cierre de los centros de enseñanza en 194 países debido a la pandemia. Este enorme desafío global ha generado una transición abrupta y no planificada a la enseñanza a distancia.

Resulta evidente que no estábamos preparados para una transición tan brusca, pero no lo es menos que la enseñanza a distancia tiene que ser parte de la solución, aunque determinar en qué forma y porcentaje y cómo articularla siguen siendo cuestiones abiertas.

Los retos globales que afrontamos tras la primera oleada son la recuperación a corto plazo y la construcción de sistemas educativos resilentes y equitativos para el futuro.

La respuesta a dichos retos no es una solución “llave en mano”. El “santo grial” de la educación a distancia no es la plataforma tecnológica online de turno, ofrecida ahora en bandeja de plata por multinacionales como Google o Microsoft.

 

Recortes de la autonomía docente

Ya en los últimos años venían manifestándose inquietudes sobre si el creciente protagonismo de corporaciones privadas internacionales podría recortar la autonomía profesional y los derechos del personal docente, así como el control local de las comunidades sobre sus escuelas.

Los habituales acuerdos asumidos con ligereza entre estas empresas y sus consumidores pueden modificar la concepción de la educación como un bien público. La Internacional de la Educación advierte que el contexto de la pandemia ha servido para que se nos ofrezcan productos tecnológicos para capitalizarlos en un futuro con objetivos comerciales y privatizadores de la educación.

Sobre la vuelta a la escuela en la nueva normalidad, la UNESCO, junto a la OIT (Organización Internacional del Trabajo) han editado un documento dirigido a los responsables políticos con el objeto de guiarles en el apoyo que la pandemia ha demostrado que necesita la comunidad educativa.

 

Otras necesidades que no son tecnológicas

El mensaje es claro, se requiere invertir en respuestas educativas que incluyan la contratación de más personal; la protección de los derechos y condiciones de trabajo de los docentes; la atención al impacto psicológico y socioemocional de la pandemia en alumnado y profesorado; la capacitación y preparación profesional adecuada para una escuela reconfigurada con impartición presencial y a distancia…

Quizás la COVID-19 haya decantado definitivamente el debate sobre las ventajas de la educación híbrida (Blended Learning), pues la tozuda realidad impone su uso; quizás disminuya la aversión total a las tecnologías de parte del colectivo, porque toda ayuda es necesaria cuando el confinamiento rompe en pedazos el modelo de docencia en el aula; quizás el colectivo más tecnólogo tenga que atenuar su entusiasmo, pues la tecnología per se no ha sido capaz de solucionar la situación de manera totalmente satisfactoria; quizás la regulación legal del trabajo a distancia sea prioritaria, pues deben protegerse los derechos laborales del cuerpo docente y deben prevenirse los efectos perniciosos a largo plazo de determinados usos de plataformas online.

 
La brecha digital: Porcentaje de población sin acceso a internet. Promising practices for equitable remote learning: Emerging lessons from COVID-19 education responses in 127 countries, UNICEF, Office of Research-Innocenti

 

826 millones de estudiantes sin ordenador

En Europa Occidental identificamos de forma natural la educación a distancia con el uso combinado de dispositivos electrónicos y conexiones de internet de alta velocidad. La realidad internacional es otra, 826 millones de estudiantes (la mitad) no disponen de un ordenador en casa y 706 millones no tienen acceso a internet.

Esta realidad ha provocado que la respuesta educativa a distancia durante el confinamiento del 68 % de los países haya sido una combinación de: medios digitales (73 %), televisión (75 %), radio (58 %), recursos en papel repartidos a los hogares (48 %) y visitas (7 %).

 
Porcentaje de países según el modelo de enseñanza remota. Promising practices for equitable remote learning: Emerging lessons from COVID-19 education responses in 127 countries, UNICEF, Office of Research-Innocenti

 
Árbol de decisión sobre enseñanza remota. UNICEF / Red Interagencial para la Educación en Situaciones de Emergencia (INEE)

Asimismo, la esencial realimentación de padres, madres y tutores se ha llevado a cabo mediante SMS, chatbots y aplicaciones de mensajería.

La variedad de contextos es tan amplia –tener o no electricidad, radio, TV, teléfono móvil, conexión de internet u ordenador– que UNICEF ha desarrollado un árbol de decisión sobre enseñanza remota, una herramienta rápida para determinar los canales más apropiados para la distribución de contenidos educativos.

 

Papel versus tecnología

Es interesante remarcar que, independientemente de la disponibilidad de ordenadores o plataformas online, UNICEF recomienda tener un soporte redundante a la comunicación online a través de papel para la distribución de contenidos y mediante SMS o teléfono para la realimentación entre educadores y tutores.

Esta estrategia permite, por un lado, disponer de un “plan B” para los casos en que fallen recursos que ya tenemos interiorizados como básicos en nuestro día a día como plataformas educativas online o conexión a internet, y por otro lado, asegura un canal de distribución de contenidos educativos para aquellas familias con menor poder adquisitivo que no dispongan de dichos recursos.

Así, tanto el uso de lo que se ha venido a denominar tecnología frugal, como la redundancia en los canales de distribución y comunicación son ingredientes necesarios en un sistema educativo resilente y equitativo.

 

La inclusión es la clave

La ONU aboga por un cambio generalizado en el mundo del trabajo hacia una digitalización más inclusiva y centrada en las personas.

La educación, concretamente, es una actividad eminentemente social en la que no debería obviarse la importancia del apoyo entre iguales. Esta máxima afecta al colectivo de estudiantes donde el refuerzo de la coevaluación, tutoría y mentoría entre alumnos tiene mucho potencial de crecimiento en situaciones de enseñanza híbrida o a distancia.

Asimismo, una comunidad de profesorado interconectado constituye una red bien tejida que arropa a cada profesional y facilita el debate, compartición de recursos, colaboración, realimentación y evaluación entre iguales. Las instituciones podrían incentivar el fortalecimiento de estas comunidades, tanto nacionales como internacionales, impulsando así el uso compartido de los recursos generados en formato abierto.

En conclusión, la enseñanza a distancia llegó para quedarse, bien como complemento que enriquezca la presencial, bien como recurso más intensivo en situaciones de confinamiento.

Ahora bien, la enseñanza a distancia no puede sustituir quirúrgicamente a la presencial, ni una plataforma online puede sustituir todas las interacciones entre personas que se dan en un aula, ni la necesaria labor del profesor o profesora.

El santo grial de la educación a distancia está en el profesorado. Es prioritario invertir en el capital humano que va a diseñar y modular los procesos de enseñanza-aprendizaje, que se basan en la interacción entre personas.

 

 

Autores:

Doctor Ingeniero en Telecomunicaciones y profesor en Facultad de Educación de Bilbao, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea.

Profesora Facultad de Educacion de Bilbao / Irakaslea Bilboko Hezkuntza Fakultatea, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Profesora del departamento de Didáctica y Organización Escolar, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

 

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

 

rebrotes coronavirus España Verano

Cómo sobrevivir a los inevitables rebrotes de COVID-19.

En los últimos días las comunidades autónomas están notificando un número creciente de casos confirmados de SARS-CoV-2 en España. Ante el repunte en los contagios, cabe preguntarse si el retorno a lo peor de la pandemia es una posibilidad real.

El Ministerio de Sanidad ha recogido más de 260 000 casos confirmados y cerca de 28 500 fallecidos en España desde que comenzó la pandemia. Por supuesto, estas cifras son una infraestimación del número real y los casos no confirmados podrían multiplicarse por diez.

En España han sido hospitalizados más de 125 000 pacientes con COVID-19, cerca de la mitad de los casos confirmados. En la última semana han sido más de 200. Un 10 % del total de hospitalizados requirieron ingreso en Cuidados Intensivos. Han sido 15 en la última semana.

Tras la euforia de la desescalada por fases en las distintas comunidades autónomas, el número creciente de brotes (cerca de 200 en todo el país) ha despertado una gran inquietud. Hay miedo a un segundo confinamiento, como el que ya se ha promulgado en zonas de Aragón y Cataluña. Y habrá más en otros lugares.

Es más que probable que los brotes de coronavirus se sucedan y aumenten a lo largo de todo el verano. Son la consecuencia inevitable de los desplazamientos. Los test diagnósticos ahora están más fácilmente disponibles para confirmar o excluir cualquier caso sospechoso y, a continuación, proceder al aislamiento y examen de los contactos. Afortunadamente, muchos de los diagnósticos actuales se hacen en personas asintomáticas y más jóvenes.

¿Cómo reducir el daño de una segunda ola de COVID-19?

La experiencia vivida en la primera ola del tsunami de COVID-19 ha dejado una huella imborrable en cada uno de nosotros. Hemos aprendido mucho y tenemos que minimizar el daño de un nuevo confinamiento y de una segunda ola. Sin ser pesimista y aún en un buen escenario, es improbable que nos beneficiemos de una vacuna antes del verano próximo. Todo apunta a que tendremos brotes de COVID-19 para un año y tenemos que aprender a conjugar la salud y la economía con unas nuevas condiciones de vida.

Los daños del confinamiento prolongado son devastadores en la economía y, peor aún, en la personalidad. Los humanos somos sociales y precisamos la estimulación derivada del contacto con otros. Esto es fácilmente reconocible en los niños, en los que el aislamiento perjudica el desarrollo psicomotor y cognitivo; pero también en los ancianos, donde la ausencia de estimulación acelera el deterioro asociado a la edad.

Se describen a continuación las medidas que podrían tomarse para hacer frente a la pandemia por SARS-CoV-2 hasta que dispongamos de una vacuna protectora.

Medidas frente a COVID. Author provided
  1. Reforzar el sistema sanitarioHay que planificar que no coincidan las vacaciones del personal sanitario, evitando carencias frente a un recrudecimiento en agosto. La atención médica domiciliaria y la telemedicina deben ser potenciadas de modo especial, para evitar colapsos en los servicios de urgencia hospitalarios.En la crisis de marzo y abril no se recurrió apenas a los servicios que podía prestar la sanidad privada, que pudo haber descongestionado la presión que hubo en muchos servicios públicos. Ante una crisis sin precedentes como COVID-19, el principio de subsidiaridad es la mejor estrategia para asegurar a los ciudadanos la mejor asistencia sanitaria. Se trata de realizar convenios de colaboración con hospitales y compañías diagnósticas privadas españolas, que permitan ampliar la utilización de lo que ya existe y funciona. Hay que utilizar todos los recursos ya disponibles en nuestro país, sin depender de otros.Para descongestionar las urgencias y las camas de hospitales, hay que mejorar la atención domiciliaria por los equipos de Atención Primaria. Muchos pacientes con COVID-19 no requieren ingreso hospitalario y pueden beneficiarse del seguimiento en su hogar con controles telefónicos o presenciales diarios por parte de un equipo médico.En los hospitales deben planificarse zonas fácilmente convertibles en áreas COVID-19, con separación del resto. Debe contratarse el suficiente personal sanitario y asegurar disponibilidad de camas. De igual modo, hay que asegurar el suministro de material de protección y test diagnósticos que sean de suficiente calidad.

    Por último, hay que fomentar programas de formación en manejo y tratamiento de COVID-19, con criterios de seguimiento domiciliario; traslado a hospital; uso de corticoides, remdesivir e inmunomoduladores; prevención de sobreinfecciones bacterianas, etc. La formación online permite proporcionar muchos de esos conocimientos sin desplazamientos innecesarios y con fácil adaptación a horarios difíciles. Hay que fomentar que tanto las universidades públicas como las privadas, con el apoyo de la administración y de las empresas farmacéuticas, desarrollen programas formativos de excelencia.

  2. Proteger a los más expuestosEl personal sanitario, los agentes del orden público (policías, etc.), los militares, el personal de limpieza, los trabajadores con exposición directa al cliente (cajeros, etc.) deben tener material suficiente de protección y utilizarlo debidamente.Un 24 % de los casos confirmados de infección por SARS-CoV-2 hasta junio ocurrieron en personal sanitario, mayoritariamente médicos y enfermeras. A ello contribuyeron el alto riesgo de exposición y la carencia de material de protección (mascarillas, guantes, gorros y batas desechables). No podemos volver a encontrarnos sin ese material en los hospitales.
  3. Proteger a los más vulnerablesLas personas con un mayor riesgo de desarrollar neumonía y formas graves de COVID-19 son los ancianos, pacientes con otras enfermedades crónicas (diabetes, obesidad, cáncer, etc). Más de un 75 % de los fallecidos por COVID-19 en España tenían más de 75 años. Este grupo debe ser especialmente protegido de la exposición al SARS-CoV-2.Hay que procurar una medicalización suficiente de las residencias geriátricas y otras instituciones para discapacitados y otro tipo de personal dependiente (por ejemplo, enfermos mentales). Más de un 40 % de los fallecidos por COVID-19 en España vivían en residencias geriátricas o de discapacitados. Esos centros deben tener una asignación suficiente de personal sanitario y material de protección.Además, pueden tomarse otras medidas, como la vacunación precoz frente a influenza A y B; y frente a neumococo, para reducir el riesgo de coinfecciones.
  4. Educar en la responsabilidad personal del distanciamiento socialLa transmisión del SARS-CoV-2 ocurre casi exclusivamente por vía aérea, sobre todo por proximidad con un infectado. El inóculo viral (dosis infectiva) determina el riesgo de infección y la gravedad de la enfermedad. Apenas hay evidencia de transmisión a partir del contacto con superficies u objetos potencialmente contaminados. Por tanto, hay que centrar el esfuerzo en vivir el distanciamiento social. Hay que hacer obligatorio el uso de mascarillas fuera del hogar y hay que suspender aglomeraciones de personas en espacios cerrados.
  5. Unificar normativa: simple y para todo el paísLa coordinación centralizada a nivel estatal es fundamental, para evitar mensajes e interpretaciones equívocos. No debe haber disparidad de criterios entre comunidades autónomas.Hay que intensificar la identificación de casos positivos y proceder a su aislamiento y control médico. Por otro lado, hay que identificar a los contactos de riesgo, ponerlos en cuarentena y excluir el diagnóstico tan pronto como sea posible.
  6. Facilitar test diagnósticosEs una prioridad disponer de pruebas rápidas de screening para antígeno y anticuerpos del SARS-CoV-2. De forma ideal, esos test deberían poderse hacer en saliva y proporcionar el resultado en 10-15 minutos. Además, deberían estar a la venta en farmacias y poder hacerse por el propio paciente en caso de sospecha, tantas veces como fuera conveniente. Para evitar la dependencia de otros países y fiascos con compras de mala calidad, hay que ayudar a las empresas españolas de diagnóstico comprometidas en esta labor.Un estudio de 37 personas con PCR+ pero asintomáticas ha revelado que casi todos los infectados desarrollan anticuerpos a las 2-3 semanas. Estudios en macacos han demostrado que se trata de inmunidad que protege de la reinfección. Sin embargo, a los 2-3 meses se reducen los títulos de anticuerpos y no se detectan en un 20% de los casos asintomáticos. Aunque eso no significa que desaparezca la protección, hay que confirmar si esos anticuerpos pueden evitar un nuevo contagio a más largo plazo (por ejemplo, al cabo de 2-3 años). Es posible que la protección disminuya con el tiempo, pero evite que se produzcan formas graves de COVID-19.
  7. Impulsar la investigación española de antiviralesEste momento de crisis nos debe unir. Es un buen momento para el proteccionismo bueno. Hay que apoyar las iniciativas de nuestros compatriotas comprometidos con que salgamos adelante. Es del máximo interés financiar becas y ayudas a grupos de investigación y empresas españolas que desarrollan antivirales e inmunomoduladores, explorando nuevos fármacos, formas en aerosol, antivirales de liberación retardada, etc), tanto para el tratamiento como para la prevención. Como reza el tópico que los anglosajones dicen de los españoles: “somos un país con personas bien formadas y con ingenio, pero nos falta constancia y organización. Por eso, los españoles son valorados y triunfan sobre todo en el extranjero…”.En ausencia de una vacuna que confiera protección inmune, se están desarrollando antivirales de acción prolongada que pudieran actuar como “vacunas químicas”. Siguiendo el modelo de la profilaxis pre-exposición (PreP) que se utiliza para prevenir el contagio del VIH, una alternativa atractiva para protegerse del coronavirus mientras no aparezca la vacuna protectora inmune podría ser la administración de antivirales de liberación prolongada.De este modo, un grupo americano acaba de describir nanoformulaciones de cabotegravir, un antirretroviral que solo requiere una administración anual. Imaginemos que pudiera obtenerse una formulación equivalente para remdesivir u otro antiviral eficaz frente al SARS-CoV-2. En espera de una vacuna inmune, estos ‘antivirales depot’ podrían permitir la protección de las poblaciones más vulnerables frente a COVID-19.

Autor:

Facultad de Ciencias de la Salud & Centro Médico, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea aquí el original.

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A la espera de una Ley del Teletrabajo, esta es la normativa vigente

El teletrabajo es uno de los efectos que han dejado la emergencia sanitaria generada por la COVID-19, y las medidas de contención decretadas para “atajar la pandemia, evitar su propagación y proteger la salud pública”.

El sábado 14 de marzo se declaraba el estado de alarma en España y pocos días después entraba en vigor el Real Decreto Ley 8/2020. Mediante esta norma se instituyó el carácter preferente del trabajo a distancia hasta tres meses después de la finalización del estado de alarma.

Según las órdenes del ministerio de Sanidad que regulan el Plan para la transición hacia una nueva normalidad “se fomentará, siempre que sea posible, la continuidad del teletrabajo para aquellos trabajadores que puedan realizar su actividad laboral a distancia”.

Pero el teletrabajo (de emergencia y transitorio) al que nos vimos abocados de un día para otro por una situación de emergencia , dista mucho de ser el trabajo a distancia que algunas empresas ya venían planificando, tímidamente, mediante pruebas piloto. De hecho, durante el teletrabajo de emergencia, empresas y trabajadores desconocían los derechos y obligaciones de esta modalidad.

Ya inmersos en la “nueva normalidad” es obligatorio preguntarnos si esta es la forma de teletrabajo que quieren (y necesitan) tanto empresas como trabajadores, y qué aspectos debería abordar una futura Ley del Teletrabajo.

¿Qué regulación existe ahora?

Más allá de la normativa transitoria derivada de la COVID-19, es escasa la legislación española sobre teletrabajo. Se limita al artículo 13 del Estatuto de los Trabajadores y a lo que se haya negociado en los convenios colectivos y en los acuerdos individuales empresa-trabajador.

  • Artículo 13 del Estatuto de los Trabajadores: Define el concepto de trabajo a distancia, su carácter voluntario (acordado), la forma escrita del contrato, la igualdad en derechos y condiciones laborales con respecto al trabajo presencial (excepto en aquellos derechos “inherentes a la realización de la prestación laboral en el mismo de manera presencial”) y reconoce que los trabajadores a distancia tienen derecho a la protección en materia de seguridad y salud en el trabajo.

  • Convenios colectivos: Algunos convenios colectivos regulan el trabajo a distancia, fijando unos mínimos que las empresas deben respetar (carácter voluntario y reversible para ambas partes, igualdad de derechos…). Por ejemplo, el convenio estatal del sector de prensa diaria (art. 19). Nokia España (art. 43) y Deutsche Bank también han normatizado en sus convenios esta modalidad de trabajo.

  • Normativa comunitaria: Existe el acuerdo marco europeo sobre teletrabajo (AMET), suscrito por los interlocutores sociales europeos y publicado como anexo al Acuerdo Interconfederal de Negociación Colectiva (ANC) de 2003 (BOE de 24 de febrero de 2003). Este acuerdo refleja el compromiso de las organizaciones sindicales y empresariales de impulsar “una mayor y adecuada utilización del teletrabajo, favorable tanto a las empresas como a los trabajadores”.

  • Normativa internacional: Está el Convenio de la OIT sobre trabajo a domicilio C177 (que no consta ratificado por España), y la Recomendación R184 sobre trabajo a domicilio.

Aunque en España es escasa la jurisprudencia sobre derechos y obligaciones del teletrabajo, existen algunas sentencias que analizan la cuestión y otras lo tratan de forma tangencial.

A partir de esas resoluciones podemos determinar qué aspectos esenciales en la relación empresa-trabajador habrá que tener en cuenta al legislar sobre el tema.

Relación laboral

La sentencia de la sala social del TSJ gallego de 6 julio de 2012 recuerda que “existen muchos supuestos de teletrabajo o trabajo a distancia que no por desvincular físicamente el lugar de trabajo del domicilio o de la ubicación de las instalaciones de la empresa, excluyen necesariamente la nota de laboralidad” (fundamento de derecho Quinto).

Voluntariedad

Si el teletrabajo no forma parte de la descripción inicial del puesto de trabajo y la empresa lanza una oferta de teletrabajo, podrá ser aceptada o rechazada por el trabajador, del mismo modo que si un trabajador expresa su deseo de optar a un teletrabajo, el empleador puede aceptar o rechazar la petición (exceptuando lo previsto en el artículo 34.8 del Estatuto de los Trabajadores, en relación con la adaptación de la jornada de trabajo por razones de conciliación).

Una sentencia del Tribunal Supremo de 11 de abril de 2005 lo señala claramente: “La aceptación del trabajo a domicilio no puede ser obligatoria para el trabajador y no puede establecerse con este carácter ni por la vía del art. 41 del Estatuto de los Trabajadores, ni mediante acuerdo colectivo, pues implica una transformación del régimen contractual que afecta a la esfera personal del trabajador. En primera instancia se desestima la demanda”.

Costes del teletrabajo

Según dispone el AMET, “el empresario deberá facilitar, instalar y encargarse del mantenimiento de los equipos necesarios para el teletrabajo regular, salvo si el teletrabajador utiliza su propio equipo”. Sin embargo, más allá de las herramientas informáticas de trabajo, no hace referencia a otros gastos directos e indirectos (conexión a internet, adaptación del domicilio, mobiliario, suministros, etc.).

Resulta más que cuestionable un sistema de teletrabajo que haga recaer sobre la persona trabajadora los gastos derivados de su actividad. Una característica de la relación laboral (y que la diferencia de una relación freelance/autónomo) es la ajenidad de los medios, gastos y riesgos (artículo 1.1 del Estatuto de los Trabajadores). Esta condición no puede ser atenuada por ningún pacto en contrario (individual o colectivo), tal y como establece el artículo 3 de la citada norma.

Evidentemente, lo que sí puede acordarse es la fórmula de compensación de estos costes, evitando que sean trasladados al trabajador.

Ahora bien, no debería regularse del mismo modo el teletrabajo permanente que el teletrabajo parcial, en el que solo se trabaja a distancia unos días a la semana. O incluso el teletrabajo esporádico, en el que se teletrabaja unas horas a la semana o al mes, cuando el trabajador así lo estima conveniente. En estos casos de teletrabajo parcial o esporádico, es defendible que la empresa no abone ninguna compensación adicional, más allá de poner a disposición del trabajador las herramientas telemáticas necesarias para desempeñar su labor.

Horarios y jornada

Tal y como estableció la sentencia del TSJ de Castilla y León, Valladolid (Sala Social), de 3 de febrero de 2016 (fundamento de derecho Cuarto, letra a): “El tiempo de trabajo en el domicilio es tiempo de trabajo exactamente igual que el realizado fuera del mismo”. Sobre el control horario del teletrabajo, la ley exige que se garantice la veracidad y trazabilidad de los registros.

En la citada sentencia se estipula que “en el caso del trabajo desarrollado con conexión a internet, el control del ejercicio laboral a distancia, mediante la comprobación de la conexión del trabajador a la intranet empresarial y de su actividad en la red, no supone en principio y en condiciones normales invasión del espacio protegido bajo el concepto de domicilio (…)”.

Es fundamental evitar el telepresentismo (correos electrónicos, videollamadas…), para no alargar las jornadas laborales y convertir los domicilios en oficinas abiertas las 24 horas, 7 días a la semana.

Derecho al descanso

La Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea reconoce, dentro de las condiciones de trabajo justas y equitativas, que “todo trabajador tiene derecho a la limitación de la duración máxima del trabajo y a periodos de descanso diarios y semanales, así como a un periodo de vacaciones anuales retribuidas”.

El derecho al descanso también está reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada y proclamada por la Asamblea General de la ONU en 1948.

Las últimas reformas legislativas en materia laboral se centran en fortalecer y reforzar el derecho al descanso (implantación del registro de jornada, derecho a la desconexión digital).

Desconexión digital

El derecho a la desconexión digital queda reconocido en el artículo 88.1 de la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantías de Derechos Digitales (LOPDGDD), y en el artículo 20bis del Estatuto de los Trabajadores, que garantiza el respeto del tiempo de descanso, así como de su intimidad personal y familiar.

Responsables de Recursos Humanos consultados para este artículo señalan: “Como empresa creemos que es importante regular la ‘desconexión digital’, cómo conseguir que el hecho de trabajar desde casa no se convierta en una prolongación de la vida laboral y no haya tiempo para recuperar fuerzas”.

¿Deben establecerse condiciones mínimas de seguridad y salud en el lugar de teletrabajo?

Siguiendo la línea del AMET, deben fijarse mínimos indispensables en materia de seguridad, que podrán ser objeto de mejora en la negociación colectiva.

Además de los requisitos técnicos que garanticen la conexión, se deberá contar con un espacio que cumpla las condiciones mínimas en materia de prevención, seguridad y salud de un puesto de trabajo tipo (ergonomía, sistemas de seguridad, etc.).

Para comprobar el cumplimiento de estas condiciones mínimas del lugar de teletrabajo, el empleado debe comprometerse a aceptar una visita de evaluación de riesgos. Además, el acuerdo individual de teletrabajo deberá especificar claramente el lugar desde el que se prestarán los servicios (domicilio, etc.) y la obligación de notificar eventuales modificaciones del mismo.

¿Todo accidente ocurrido en el domicilio del teletrabajador es accidente de trabajo?

No siempre, y así lo refleja una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de 26 de junio de 2019, sobre la caída de un teletrabajador en su domicilio/lugar de trabajo. “(…) Valorada la prueba practicada no puede concluirse que la caída padecida (…) tuviera lugar durante el tiempo y con ocasión del trabajo”.

Incumplimientos en materia de jornada

Otra cuestión que debe quedar clara en una futura Ley del Teletrabajo es que el teletrabajador no puede aprovechar la distancia geográfica con sus supervisores para no conectarse o estar ausente.

En cualquier caso, habrá que valorar las distintas situaciones, dependiendo de si se ha pactado un horario fijo e inamovible, o cierta flexibilidad horaria.

Estos son algunos de los puntos que han sido tratados (escuetamente) en la legislación y jurisprudencia española sobre teletrabajo.

Su normalización requiere una regulación específica que proporcione seguridad jurídica (clarificar las “reglas del juego”), evitando situaciones de abuso por cualquiera de las partes y que, sobre todo, no convierta esta modalidad de prestación de servicios en una nueva fuente de litigios laborales.

 

 

Autor:

Profesor Colaborador (Derecho y Ciencias Políticas. Derecho del Trabajo y Seguridad Social), UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea aquí el original.

 

universidad-covid-regreso-aulas

La docencia mixta marcará el próximo curso en la universidad española

Tomar decisiones que afectan a cientos de miles de personas nunca es fácil. Menos aún en un escenario de total incertidumbre y ausencia de datos que nos ha forzado a adaptarnos a los acontecimientos prácticamente día a día. Cuando dentro de unos años analicemos todo lo que hemos pasado en estos meses de crisis de la COVID-19, seremos capaces de valorar en toda su dimensión las medidas de «docencia en remoto de emergencia» que se tuvieron que activar en apenas unas horas para evitar el colapso total del sistema universitario y su impacto sobre un millón y medio de estudiantes.

Superada la fase de cambio de una docencia presencial a otra no presencial, y en buena medida la de las evaluaciones, la gran pregunta es cómo iniciaremos el curso que viene.

Si la situación sanitaria lo permite, durante el primer semestre se podría volver a los campus, pero en determinadas condiciones de distancia en las aulas, en los pasillos y en las zonas comunes.

Las previsiones nos hablan de un cien por cien de ocupación de los espacios, usando mascarillas, y de un tercio en el caso de que no se usen.

No queremos renunciar a la docencia presencial

No queremos renunciar a la docencia presencial porque es seña de identidad de nuestra enseñanza universitaria y vamos a hacer todo lo posible para preservarla porque sabemos que es indiscutible su eficiencia en la transmisión de conocimientos y en la adquisición de competencias transversales como la capacidad de comunicación, el trabajo en equipo, la sociabilidad y la empatía.

En el caso de no poder realizarse una docencia cien por cien presencial, iremos a una docencia mixta o de presencialidad adaptada, en la que se combinen presencialidad con no presencialidad y cada universidad determinará el porcentaje de esta fórmula.

Habrá que tener en cuenta el número de estudiantes, grupos, horarios, medidas de higiene y fase en la que se encuentre la comunidad o, incluso, la ciudad, en la que se desarrollen las clases.

Pero no perderemos un ápice de la calidad de la formación impartida en nuestros centros. Al contrario, este modelo mixto de docencia, bien planificado, puede aprovecharse como una oportunidad adicional de mejora en la calidad docente, combinando lo mejor de ambos modelos. A través de este, se pueden potenciar las bondades de la docencia presencial con actividades complementarias realizadas a distancia y apoyadas por la tecnología.

Los retos del próximo curso

En el curso 2020-21 debemos ajustar los componentes académicos, organizativos y recursos a contextos de aprendizaje alternativos. El profesorado adaptará los contenidos, la metodología, las estrategias docentes, las actividades de evaluación y los recursos de las asignaturas a una nueva planificación para que los y las estudiantes logren los resultados de aprendizaje esperados en el marco de los fundamentos del Espacio Europeo de Educación Superior, que se rige por el principio básico del desarrollo de competencias.

La clave del éxito de esta docencia mixta estará en la correcta combinación de los probados beneficios de una buena formación presencial y las indudables cualidades de una buena formación no presencial. Y esto dependerá no tanto de la tecnología concreta empleada y del porcentaje de presencialidad aplicada, como de los diseños pedagógicos, de la metodología, del uso eficiente de los recursos y, sin duda, de la preparación y disposición del profesorado.

En estos momentos, las universidades estamos trabajando ya en la identificación de aquellas acciones que en este inédito cuatrimestre han resultado positivas y pueden servirnos de ejemplo, así como en la recogida y organización del amplio abanico de recursos –tanto didácticos como formativos y tecnológicos– que hemos ido generando. El objetivo es poner a disposición del profesorado estrategias didácticas que puedan dar una respuesta adecuada a las necesidades de cambio en la docencia que la nueva situación está generando.

Los límites de la épica

Hemos aprendido mucho en estos meses. Hemos aprendido que esas estrategias deben ser versátiles para que puedan ser usadas y adaptadas a todas las situaciones docentes posibles; a las presenciales, a las no presenciales, a las síncronas y a las asíncronas. Hemos aprendido que existen tecnologías educativas y modelos de evaluación adicionales que podemos incorporar a nuestra docencia.

Hemos aprendido que debemos seleccionar las estrategias que son eficaces, y hacerlo a partir de evidencias en términos de resultados reales de aprendizaje. Hemos aprendido también que esas estrategias deben ser factibles, con una puesta en práctica que requiera de una dedicación razonable del profesorado y del personal de administración y servicios.

La épica en la docencia tiene un límite y ya lo hemos alcanzado en estos meses de absoluta emergencia; ahora toca trabajar buscando una normalidad dentro de la excepcional situación que vivimos.

Transparencia con el estudiantado

Otro aspecto relevante de cara al curso que viene es el de la transparencia con el estudiantado. Es imprescindible que cuando gestionen su matrícula, reciban información suficiente para saber en qué condiciones lo hacen y que se les expliquen los posibles escenarios que tendrán que afrontar y que variarán en función de lo que vayan marcando las autoridades sanitarias.

Esta labor informativa, necesaria para cualquier estudiante, es aún más importante en el caso de quienes accedan por primera vez a la universidad. Es imprescindible priorizar en ellos la presencialidad y reforzar la acción tutorial.

Cuando el coronavirus cambió radicalmente nuestras vidas, desde las universidades nos marcamos el objetivo de que ningún estudiante quedase atrás por culpa de la emergencia sanitaria. En estos días tendremos que evaluar si hemos alcanzado esa meta y si lo hemos hecho con la adecuada formación de nuestros estudiantes.

Lo que sí sabemos con certeza es que la comunidad universitaria ha realizado un esfuerzo como jamás antes se había visto y que tenemos por delante un nuevo curso que es todo un reto.

 

Autor:

Presidente de CRUE Universidades Españolas. Rector de la Universidad de Córdoba, Universidad de Córdoba

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea aquí el original.

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En la carrera de la vacuna contra el Covid-19. Necesitamos más de un caballo ganador

Foto: shutterstock. Shutterstock / Gorodenkoff



Las diferentes características de nuestra respuesta inmune según la edad sugieren que debemos apostar por varias vacunas contra el SARS-CoV-2 en lugar de una sola.

La respuesta inmune contra los virus consiste en una serie de eventos en cascada que van escalando si el organismo no es capaz de controlar la infección rápidamente. 

Primero, se moviliza el sistema inmunitario innato, cuyos representantes mayoritarios son los macrófagos, que desarrollan el mismo tipo de respuesta independientemente del agente infeccioso. Si no es suficiente para acabar con el patógeno, se moviliza el sistema inmunitario adaptativo o adquirido, mucho más sofisticado y dependiente del tipo de bacteria o virus. Los protagonistas de la respuesta inmunitaria adaptativa son los linfocitos, capaces de generar anticuerpos y memoria inmunológica

Una vez que una persona ha pasado una infección, en su cuerpo quedan aproximadamente 100 linfocitos de memoria, que rondarán en la sangre y órganos, desarrollando inmediatamente una respuesta inmune específica si la persona vuelve a ser atacada por el mismo patógeno. Estas células de memoria van muriendo con la edad, más aceleradamente si la persona está sometida a estrés o a enfermedades crónicas. 

A medio camino entre la inmunidad innata y la adquirida se encuentran dos tipos de células inmunes: las gammadelta (γδ) y las Natural Killer o NK. Estas células, aunque son inespecíficas y capaces de responder ante cualquier atacante, pueden desarrollar memoria respecto a los patógenos a los que han atacado. Los macrófagos, γδ y NK no reconocen una proteína específica del patógeno, sino más bien patrones moleculares de daño o estrés celular. Por el contrario, los linfocitos responden a una determinada proteína del patógeno. En los seres humanos existe una preponderancia del sistema inmune innato en niños (que aún no han desarrollado la inmunidad adaptativa) y ancianos (en los cuales esta se va “extinguiendo”).

En este aspecto, una vacuna desarrollada contra una proteína concreta de un virus debería generar una respuesta inmune más robusta en jóvenes y adultos, mientras que una vacuna contra el virus completo podría ser más efectiva en niños y ancianos.

Mejor aportar que competir

A fecha de 16 de junio de 2020, el portfolio de vacunas en desarrollo contra COVID-19 es de 163, encontrándose en diferentes estados de desarrollo. La mayoría de estas vacunas han empleado una de las estrategias mostradas en la figura 1.

Estrategia de desarrollo de vacunas contra SARS-CoV-2. Nuria Campillo

En este momento 10 vacunas están siendo probadas en fases clínicas. Los requerimientos de cada una de las fases (figura 2) garantizan la eficacia y la seguridad de las candidatas y se encuentran reguladas por normas de la EMA, la OMS y la FDA

Fases de desarrollo de una vacuna. Estado de los ensayos clínicos de las vacunas contra SARS-CoV-2. Mercedes Jiménez

Una de las más avanzadas es la de Moderna, basada en el ARN mensajero que produce la proteína spike (S) del SARS-CoV-2, responsable de la entrada en nuestras células mediante la unión con el receptor ACE-2 (enzima convertidora de angiotensina 2).

Otra de las vacunas es la desarrollada por la Universidad de Oxford, ChAdOx1 nCoV-19. Esta vacuna utiliza una versión atenuada de un virus que no es dañina para el ser humano pero causa infecciones en chimpancés, y ha sido modificada genéticamente para producir la proteína S del coronavirus.

Cansino Biological está desarrollando una vacuna parecida a la anterior, AD5-nCoV, que utiliza un virus no replicante que causa el resfriado común. Este vector transporta el gen de la proteína S de la superficie del coronavirus, con la cual se intenta provocar la respuesta inmune para combatir la infección.

Por último, Sinovac Biotech está desarrollando la vacuna PiCoVacc, que utiliza el virus SARS-CoV-2 inactivado químicamente.

Por qué necesitamos un podium compartido

En vista de lo anterior, el enorme esfuerzo realizado por investigadores y farmacéuticas para encontrar una vacuna eficaz contra COVID-19 no debe ser una carrera con un solo ganador.

El propio desarrollo de la enfermedad, compartido por otros SARS, provoca una exagerada potenciación de la respuesta inmune en individuos con un sistema inmunológico desgastado o menos eficiente (prevalencia de respuesta innata). Sin embargo, una vacuna, para que sea eficaz por un tiempo prolongado, debe desarrollar en el organismo una respuesta adaptativa, mayoritariamente la generada en adultos, no ancianos.

Por eso, el abanico de vacunas que estará disponible en el futuro podrá abarcar distintos grados de eficacia y permitirá conseguir una inmunidad de grupo suficiente para minimizar la transmisión y proteger a los más vulnerables.

La mejor vacuna debería proteger al personal sanitario, a los adultos con comorbilidades, ser eficaz para niños y ancianos, minimizando el efecto inmunopotenciador, y de rápida y fácil producción y almacenamiento. Disponer de varias opciones con distintas especificidades permitirá administrar la más adecuada según individuo y situación.

Factores como la estacionalidad y la diversidad geográfica, sanitaria y social han influido en la incidencia de la enfermedad y, por lógica, afectarán a la estrategia de la profilaxis. 

En países tropicales se vacunaría en masa para proteger a la población más vulnerable. Sin embargo, en países con climas templados, con incidencia estacional, se inmunizaría a la población de más riesgo en periodos de baja transmisión, como ocurre con la campaña anual contra la gripe.

Por tanto, necesitaremos todas las vacunas candidatas que vayan cruzando la meta, y estar preparados para los nuevos retos que, en salud global, quedan por llegar.





María Mercedes Jiménez Sarmiento Científica Titular. Bioquímica de Sistemas de la división bacteriana. Comunicadora científica., Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB – CSIC) Matilde Cañelles López Investigadora Científica, grupo Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS), Instituto de Filosofía (IFS-CSIC) Nuria Eugenia Campillo Científico Titular. Medicinal Chemistry, Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB – CSIC)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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La docencia mixta marcará el próximo curso de la universidad española

Foto: shutterstock. Shutterstock / Kzenon



Tomar decisiones que afectan a cientos de miles de personas nunca es fácil. Menos aún en un escenario de total incertidumbre y ausencia de datos que nos ha forzado a adaptarnos a los acontecimientos prácticamente día a día. Cuando dentro de unos años analicemos todo lo que hemos pasado en estos meses de crisis de la COVID-19, seremos capaces de valorar en toda su dimensión las medidas de «docencia en remoto de emergencia» que se tuvieron que activar en apenas unas horas para evitar el colapso total del sistema universitario y su impacto sobre un millón y medio de estudiantes.

Superada la fase de cambio de una docencia presencial a otra no presencial, y en buena medida la de las evaluaciones, la gran pregunta es cómo iniciaremos el curso que viene.

Si la situación sanitaria lo permite, durante el primer semestre se podría volver a los campus, pero en determinadas condiciones de distancia en las aulas, en los pasillos y en las zonas comunes.

Las previsiones nos hablan de un cien por cien de ocupación de los espacios, usando mascarillas, y de un tercio en el caso de que no se usen.

No queremos renunciar a la docencia presencial

No queremos renunciar a la docencia presencial porque es seña de identidad de nuestra enseñanza universitaria y vamos a hacer todo lo posible para preservarla porque sabemos que es indiscutible su eficiencia en la transmisión de conocimientos y en la adquisición de competencias transversales como la capacidad de comunicación, el trabajo en equipo, la sociabilidad y la empatía.

En el caso de no poder realizarse una docencia cien por cien presencial, iremos a una docencia mixta o de presencialidad adaptada, en la que se combinen presencialidad con no presencialidad y cada universidad determinará el porcentaje de esta fórmula.

Habrá que tener en cuenta el número de estudiantes, grupos, horarios, medidas de higiene y fase en la que se encuentre la comunidad o, incluso, la ciudad, en la que se desarrollen las clases.

Pero no perderemos un ápice de la calidad de la formación impartida en nuestros centros. Al contrario, este modelo mixto de docencia, bien planificado, puede aprovecharse como una oportunidad adicional de mejora en la calidad docente, combinando lo mejor de ambos modelos. A través de este, se pueden potenciar las bondades de la docencia presencial con actividades complementarias realizadas a distancia y apoyadas por la tecnología.

Los retos del próximo curso

En el curso 2020-21 debemos ajustar los componentes académicos, organizativos y recursos a contextos de aprendizaje alternativos. El profesorado adaptará los contenidos, la metodología, las estrategias docentes, las actividades de evaluación y los recursos de las asignaturas a una nueva planificación para que los y las estudiantes logren los resultados de aprendizaje esperados en el marco de los fundamentos del Espacio Europeo de Educación Superior, que se rige por el principio básico del desarrollo de competencias.

La clave del éxito de esta docencia mixta estará en la correcta combinación de los probados beneficios de una buena formación presencial y las indudables cualidades de una buena formación no presencial. Y esto dependerá no tanto de la tecnología concreta empleada y del porcentaje de presencialidad aplicada, como de los diseños pedagógicos, de la metodología, del uso eficiente de los recursos y, sin duda, de la preparación y disposición del profesorado.

En estos momentos, las universidades estamos trabajando ya en la identificación de aquellas acciones que en este inédito cuatrimestre han resultado positivas y pueden servirnos de ejemplo, así como en la recogida y organización del amplio abanico de recursos –tanto didácticos como formativos y tecnológicos– que hemos ido generando. El objetivo es poner a disposición del profesorado estrategias didácticas que puedan dar una respuesta adecuada a las necesidades de cambio en la docencia que la nueva situación está generando.

Los límites de la épica

Hemos aprendido mucho en estos meses. Hemos aprendido que esas estrategias deben ser versátiles para que puedan ser usadas y adaptadas a todas las situaciones docentes posibles; a las presenciales, a las no presenciales, a las síncronas y a las asíncronas. Hemos aprendido que existen tecnologías educativas y modelos de evaluación adicionales que podemos incorporar a nuestra docencia.

Hemos aprendido que debemos seleccionar las estrategias que son eficaces, y hacerlo a partir de evidencias en términos de resultados reales de aprendizaje. Hemos aprendido también que esas estrategias deben ser factibles, con una puesta en práctica que requiera de una dedicación razonable del profesorado y del personal de administración y servicios.

La épica en la docencia tiene un límite y ya lo hemos alcanzado en estos meses de absoluta emergencia; ahora toca trabajar buscando una normalidad dentro de la excepcional situación que vivimos.

Transparencia con el estudiantado

Otro aspecto relevante de cara al curso que viene es el de la transparencia con el estudiantado. Es imprescindible que cuando gestionen su matrícula, reciban información suficiente para saber en qué condiciones lo hacen y que se les expliquen los posibles escenarios que tendrán que afrontar y que variarán en función de lo que vayan marcando las autoridades sanitarias.

Esta labor informativa, necesaria para cualquier estudiante, es aún más importante en el caso de quienes accedan por primera vez a la universidad. Es imprescindible priorizar en ellos la presencialidad y reforzar la acción tutorial.

Cuando el coronavirus cambió radicalmente nuestras vidas, desde las universidades nos marcamos el objetivo de que ningún estudiante quedase atrás por culpa de la emergencia sanitaria. En estos días tendremos que evaluar si hemos alcanzado esa meta y si lo hemos hecho con la adecuada formación de nuestros estudiantes.

Lo que sí sabemos con certeza es que la comunidad universitaria ha realizado un esfuerzo como jamás antes se había visto y que tenemos por delante un nuevo curso que es todo un reto.





José Carlos Gómez Villamandos, Presidente de CRUE Universidades Españolas. Rector de la Universidad de Córdoba, Universidad de Córdoba

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

descubrimientos educativos covid

Descubrimientos educativos sorprendentes durante la pandemia

En estas semanas de confinamiento mundial por la COVID-19 se ha reflexionado aceleradamente acerca del sentido de la vida en casi todos los ámbitos del quehacer humano. Y, lógicamente, también en el necesario replanteamiento de la educación, en su caso.

Si se afirma, con buenas razones, que el virus lo cambió todo, ¿cómo no va a cambiar la escuela? ¿Cómo se va a quedar sin responder a las nuevas situaciones a las que se enfrenta la humanidad?

La experiencia de las familias

Las familias han tenido oportunidad de conocer con mejor y mayor criterio lo que sus hijos aprenden en el sistema educativo o, más exactamente, lo que ese sistema les intenta enseñar. En unas ocasiones lo han valorado positivamente, pero en otras no comprenden para qué tiene que recibir su hijo determinados conocimientos que no entiende, que va a olvidar de inmediato y que, además, no le son funcionales ni le van a servir para casi nada a lo largo de su vida.

El profesorado y las competencias

Por otro lado, el profesorado también se ha dado cuenta de lo que es importante y lo que, realmente, tiene que pasar a un segundo plano. ¿Por qué? Porque para el último trimestre del curso ha debido seleccionar los aprendizajes que resultan esenciales para poder seguir adelante el próximo curso sin mayores problemas.

Y, en efecto, ha “recortado” bastantes conocimientos que podrá adquirir más adelante si, de verdad, ha conseguido las competencias necesarias para ello.

Las materias menos valoradas por el sistema

Por otro lado, hemos descubierto que las materias menos valoradas en el sistema se han convertido en las más importantes para sobrevivir durante los días de confinamiento.

Es decir, que la música, la plástica, la dramatización, el deporte-educación física, la cocina, la literatura, el cine o el teatro están contribuyendo positivamente al desarrollo personal de niños y adultos, a la consecución de nuevos aprendizajes y competencias hasta ahora descuidados institucionalmente y a la cooperación como base de la convivencia en familia.

La diversidad de talentos se valora ampliamente y, por lo tanto, se confirma en la práctica diaria que el modelo educativo no se basa solamente en las matemáticas y la lengua, sino en otras muchas facetas de la vida que teóricamente están en el currículum, pero que no se atienden como se debe.

Habilidades desconocidas

Maestros y profesores están descubriendo habilidades en su alumnado hasta el momento desconocidas y, por ello, no valoradas porque no se reflejan formalmente en el currículum oficial. Las intervenciones que realizan niños y niñas por videoconferencia para demostrar la realización de los trabajos encargados dejan asombrados a padres, madres y profesorado en general, por la soltura, el interés, el compromiso, la seriedad con que las hacen.

Competencias de comunicación oral, de expresión artística, de apreciación visual, de dominio digital, básicas para la vida actual, se ponen de manifiesto ahora, aunque el sistema no las haya considerado fundamentales para conseguir los aprobados necesarios y seguir adelante. Como no se evalúan en exámenes escritos, a nadie le ha importado hasta ahora que se dominen o no, que la persona se enriquezca con sus aportaciones.

¿Qué cambio habría que hacer?

En consecuencia, ante los descubrimientos educativos que estamos haciendo, parece imprescindible replantearse qué educación queremos para las generaciones que actualmente están en procesos formativos, de manera que las competencias, objetivos y contenidos sean los adecuados para el mundo actual, a la vista de las incertidumbres agrandadas que se nos presentan ante el futuro.

Todo ello implica nuevas estrategias de trabajo en el aula (metodologías cooperativas, motivadoras, centradas en retos y problemas actuales) y, por supuesto, diversificados modelos de evaluación.

Todo lo que hace nuestro alumnado ahora mismo en sus casas, ¿se puede evaluar con un examen escrito? Familias, administradores de la educación y profesorado deben asumir que ese no es el formato apropiado para valorar los múltiples e interesantes aprendizajes que se realizan en las etapas de escolarización obligatoria.

Propuestas de futuro

Algunas propuestas para seguir avanzando hacia un sistema más razonable podrían ser:

  • Equilibrar el desarrollo del conjunto de áreas/materias del diseño curricular para que sean apreciadas en el justo valor que les corresponde por su importancia para la vida.
  • Incorporar nuevos aprendizajes, descubiertos como fundamentales, a la educación institucional.
  • Priorizar el planteamiento curricular por competencias, sobre el que da preferencia a los conocimientos que, en muchos casos, se olvidan y solo se memorizan para exponer en los exámenes.
  • Fomentar la creatividad, el pensamiento crítico, la autonomía, la capacidad de discernimiento, el espíritu de esfuerzo y la actitud de aprendizaje permanente.
  • Promover el tratamiento de la competencia emocional, el equilibrio de la personalidad, el desarrollo afectivo y de cuidado, la socialización, como contenidos imprescindibles ante una sociedad incierta.
  • Desarrollar escuelas resilientes que promuevan la superación y el crecimiento personal en situaciones críticas.
  • Establecer estrategias metodológicas coherentes con los quehaceres que, en la actualidad, se precisan para trabajar en sociedad.
  • Aplicar el modelo de evaluación continua y formativa de forma generalizada, que, aunque legalmente está implantado, continúa sin ser una realidad en los centros docentes.
  • Formar al profesorado en alfabetización mediática y en todos los planteamientos señalados, para asumir las funciones que exigen la educación y la sociedad actuales.
  • Favorecer la colaboración de la familia con los centros, a la vista del excelente papel que está desempeñando en los momentos de crisis.

Podría parecer difícil poner en marcha esta innovación profunda de la educación, pero hay que ser optimistas ante el desenvolvimiento de la misma que se está produciendo en estos momentos, sin previo aviso ni preparación de los agentes que intervienen en ella.

Algunos (el profesorado) con sesiones de actualización aceleradas y otros (las familias) asumiendo el papel que les corresponde como primeros educadores de sus hijos, e incluso apoyando la labor de los docentes como eficaces colaboradores de la enseñanza.

Adaptación a la nueva realidad

Estamos en tiempos de cambio, disponemos de aportaciones importantes de la psicopedagogía, de las neurociencias, de la ciencia y de otros muchos enfoques válidos para afrontar un porvenir más sostenible y más acorde con la realidad.

Hay que aprovechar las circunstancias, incluso las adversas, como la situación actual, para mejorar la preparación de la ciudadanía ante el futuro de la sociedad, cada día más incierto y desconocido.

 

Autor:

Profesora de la Universidad Camilo José Cela y Directora del Instituto Superior de Promoción Educativa (Madrid), Universidad Camilo José Cela

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea aquí el original.

figura abstracta covid benigno

¿Es COVID-19 cada vez más benigna?

Foto: Puttipong Klinklai / Shutterstock



La pandemia de COVID-19 sigue su curso álgido por América Latina y África, pero el número de casos ha disminuido drásticamente en Europa. Un estudio publicado en Nature hace un par de días estimaba que el confinamiento y el distanciamiento social a tiempo podrían haber evitado 530 millones de infecciones en todo el mundo.

Como se trata de una infección autolimitada –que no dura más de 1 a 3 semanas– y no hay cronicidad, muchas de las cadenas de contagio se han abortado con un confinamiento de tan solo 6 semanas. En muchos lugares de Europa apenas hay infecciones activas a estas alturas, a diferencia de lo que ocurrió en marzo, cuando abundaban brotes de COVID-19. En España, en concreto, ahora se comunican menos de 50 nuevos infectados diarios.

Todo hace pensar que la recuperación escalonada del ritmo normal, con mascarillas, actividades en espacios abiertos (favorecidos por el clima veraniego), evitando la proximidad, aislando a los sintomáticos y manteniendo en cuarentena a sus contactos, ayudará a evitar un rebrote de COVID-19 al menos hasta el próximo otoño-invierno.

Si llega una segunda ola, nada apunta a que vaya a ser como el primer tsunami de COVID-19 de marzo y abril de 2020. El sistema sanitario ahora está preparado, con suficientes médicos y enfermeras que ya no están ni enfermos ni en cuarentena, y dotados de material de protección. Además, hay más camas en urgencias, en planta y, sobre todo, en las unidades de cuidados intensivos. Por otro lado, hemos aprendido a tratar mejor la enfermedad. Por último, se han puesto en marcha medidas para asegurar una adecuada atención en las residencias geriátricas, donde ocurrieron más de una tercera parte de todos los fallecimientos por COVID-19. Una de las lecciones más importantes de la pandemia es que, en general, debemos mejorar los cuidados a la tercera edad

Menos casos y menos fallecidos

En las últimas semanas las cifras de nuevos infectados por SARS-CoV-2 han caído drásticamente. Pero más impresionante es la reducción del número de fallecidos: menos de 5 diarios. ¿Se ha vuelto el coronavirus menos virulento? No hay evidencia de que se hayan seleccionado mutaciones que disminuyan su patogenicidad, aunque la adaptación del coronavirus a la especie humana haga previsible que esto ocurra con el tiempo y que pase a ser un virus respiratorio más de los que causan catarros invernales.

La menor letalidad de COVID-19 en las últimas semanas podría deberse a que muchas de las nuevas infecciones ocurren por inóculos pequeños, a diferencia de lo que sucedía en marzo, cuando no había distanciamiento social. Entonces nos dábamos abrazos y besos, pasábamos horas juntos en espacios cerrados y no se aislaba a nadie con tos o fiebre.

Después de todo, no hay que olvidar que existe una relación directa entre el grado de exposición al SARS-CoV-2 (concentración del virus en el entorno y durante cuánto tiempo) y las posibilidades de contagio y, si éste ocurre, con el riesgo de padecer formas graves de COVID-19, incluyendo neumonía, trastornos cardiovasculares y episodios tromboembólicos.

Determinantes de gravedad de COVID-19

La investigación de los pacientes que han desarrollado formas más graves de la infección por SARS-CoV-2 ha permitido identificar al menos 6 factores predictivos de gravedad:

  1. Edad avanzada. La mortalidad aumenta proporcionalmente con la edad y es superior al 20% en los pacientes de más de 80 años. En España, un 75% de los fallecidos tenía más de 75 años.
  2. Comorbilidades. Más del 80% de los fallecidos padecían enfermedades crónicas, como diabetes, infartos, cirrosis, cáncer, obesidad, etc.
  3. Sexo masculino. Dos de cada 3 fallecidos eran varones.
  4. Genética. Las personas del grupo sanguíneo A o con genes mutados de la inmunidad innata desarrollan formas graves de COVID-19. Lo mismo ocurre con las personas con síndrome de Down.
  5. Inmunidad cruzada con otros coronavirus. Las infecciones catarrales por otros coronavirus endémicos durante el invierno protegen de forma parcial frente al nuevo coronavirus.
  6. Inóculo viral. Las personas en contacto con infectados de forma estrecha y continua tuvieron un mayor riesgo de contagiarse y de padecer formas más graves. Aunque es algo intuitivo y está bien establecido para la gripe, apenas disponemos de datos para COVID-19. Esta información es importante, pues las actividades al aire libre reducen tanto el riesgo de contagio como el de padecer formas graves de COVID-19.

Prevenir formas graves en futuros rebrotes de COVID-19

De forma metafórica podemos decir que la trágica tormenta de marzo no volverá a ocurrir, pero habrá llovizna durante meses y hasta que se desarrolle una vacuna. 

En mi opinión, para prevenir el daño en futuros rebrotes de COVID-19 hay que trabajar al menos en 4 frentes: 

  1. Mejorar el sistema sanitario; 
  2. Proteger a los más vulnerables, especialmente a los ancianos; 
  3. Universalizar los tests diagnósticos para que puedan hacérselos todos y cuantas veces sea necesario. Disponer de tests rápidos en saliva de venta en farmacias ayudará. 
  4. Consolidar los buenos hábitos del distanciamiento social, incluyendo las mascarillas para lugares cerrados y con aglomeraciones.

Facilitar y promover que el máximo número de personas se hagan tests de anticuerpos permite conocer cuántos se han expuesto y están protegidos, aunque sólo sea de forma parcial y transitoria. Así, en Madrid sabemos que cerca del 15% de la población se ha infectado y, aunque solo sea durante 1-2 años, esos están protegidos de la reinfección, como recientemente ha demostrado un estudio en macacos.





Vicente Soriano, Facultad de Ciencias de la Salud & Centro Médico, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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